Historia
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La Fiesta de la Manzana fue inicialmente instituida el 9 de octubre de 1964, por la ley provincial Nº360. Esta ley no fijaba una ciudad determinada para el lugar de la celebración, y menos aún un predio definitivo, el que hasta la fecha, 39 años después sigue sin existir.
De acuerdo a la legislación de aquel momento la organización y realización de los actos quedaba a cargo de la dirección provincial de Turismo, la que estaba encargada de arbitrar el trabajo con los demás municipios para la organización de la fiesta.
Este esfuerzo común entre ciudades de la provincia daba también la posibilidad de que cada año la sede de la fiesta fuera en una localidad diferente. Al esfuerzo común de los municipios debían sumarse asociaciones de productores, empresarios, empacadores y trabajadores de la fruta.
Pero cada año, cuando la fiesta había culminado, se hacía más evidente la necesidad de darle mayor trascendencia y despliegue nacional. Así comenzaron las gestiones de la Dirección de Turismo provincial y de las comisiones organizadoras para que, desde Nación, se reconociera el esfuerzo de los valletanos.
El 23 de marzo de 1966 la ciudad toda festejó con alegría el decreto 2007 de la nación, que le otorgaba a la fiesta la categoría de nacional.
A partir de ahí la fiesta no sólo pasó a ser Nacional, sino que se nombró a Roca como la ciudad donde se desarrollaría cada año a la fiesta.
En el decreto se disponía también que los aportes para la realización de la fiesta debían provenir de la secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, los que nunca llegaron y tuvieron que ser afrontados por la municipalidad.
Desde 1964, hasta esta fecha, ha sido la comunidad de Roca, a través de distintas instituciones, en su momento la AVGR (Asociación Volantes de General Roca), o el municipio, y el aporte del sector de la producción, los que han comprometido los fondos para las distintas ediciones de la fiesta.
Incluso en muchas oportunidades han debido afrontar el déficit que alguna fiesta en particular haya dejado.
Claro quedaba ya con el decreto nacional que el gobierno no se hacía cargo de estas imprevisiones, ni tampoco de los gastos que la realización de la Fiesta Nacional de la Manzana acarreara, por lo que la fuente de obtención de recursos era incierta.
Las elevadas cifras de dinero que implicaba la organización de estas fiestas, que en otros años fueran multitudinarias, trajeron momentos oscuros para la ciudad. Tal es el caso de los sucedidos hace ya 20 años, cuando la ciudad tuvo que aceptar resignada que la fiesta tuviera sede en la vecina ciudad de Cipolletti.
Aforunadamente un año después el esfuerzo de toda la ciudadanía logró sus frutos y Roca volvió a ser anfitriona de la fiesta de la fruticultura, la fiesta del Valle.
La voluntad de los vecinos fue más fuerte que la escasez de recursos, y consiguieron mantener en pie una fiesta donde se plasmaba el trabajo y esfuerzo puesto en las chacras durante todo el año.
El afán constructivo de quienes desde ese entonces mantuvieron vigente la fiesta se veía de todas formas empañado por la confusión de no saber quién se responsabilizaría por una celebración que tendía a exaltar el significado de una fiesta para la producción, la que creía vertigionasamente y se posicionaba mejor en el marco nacional e internacional.