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| La sangre de una ciudad |
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Una ciudad, como un país, debe ser considerada también como un sistema económico que produce riqueza y que la hace circular. El dinero es como la sangre que circula por ella, se genera en las actividades económicas genuinamente productivas y abastece mediante un mecanismo de movimiento a todo el cuerpo. No alcanza para ello, entonces, sólo la producción. Es imprescindible, si se quiere que todo el cuerpo social sea vea beneficiado directa o indirectamente con la producción de riqueza, que ésta circule por el sistema económico como lo hace la sangre por el cuerpo, irrigando a todos los miembros y manteniéndolos vitales y activos.
Si bien la producción no pasa por sus mejores momentos, desde hace bastante tiempo no es allí donde reside el problema fundamental de una ciudad como Roca, que no carece de capacidad de producción de riqueza. Su situación es más bien la de un cuerpo que produce su sangre, pero ésta no circula eficientemente por todos sus rincones, produciendo como resultado que muchos de sus miembros no puedan obtener los beneficios de la producción de tales riquezas. Una especie de sangría permanente azota a nuestra ciudad desde hace por lo menos dos décadas, provocando que la riqueza que se produce aquí no quede más que marginalmente en la ciudad. Esa sangría se relaciona tanto con las grandes empresas que dejan sus ganancias fuera de la ciudad (en el exterior o en otros circuitos productivos ajenos a Roca) como con los consumidores que compran sólo lo imprescindible en ella y prefieren Neuquén o Buenos Aires para gastar. Cualquiera sea la razón individual que justifique estos comportamientos, atendibles sin duda en las actuales circunstancias locales, se debe intentar retener esos recursos que fluyen permanentemente de Roca hacia afuera, para revitalizar la ciudad, darles una oportunidad a todos sus habitantes y ampliar el círculo de aquellos que puedan encontrar posibilidades de beneficio con una circulación del dinero más dinámica.
Afortunadamente, una ciudad carece de la posibilidad de encontrar los falsos atajos que vienen intentando desde hace varias décadas los gobiernos del Estado nacional. No se puede pensar en medidas proteccionistas, devaluar tipos de cambio o prohibir el comercio exterior a la ciudad para intentar que los recursos queden aquí.
El objetivo de conseguir que la sangre que mantiene viva, pujante y fuerte a una ciudad, sólo puede ser logrado por medio de la generación de mecanismos genuinos que deben ser puestos en obra por la decisión de sus ciudadanos, sus agentes económicos y su Estado, trabajando en forma conjunta para esa finalidad. Y el secreto que lo permite puede ser muy misterioso para políticos ocupados sólo en mantenerse en el poder o para agentes económicos cuyos intereses no dependen de la riqueza de la ciudad, pero es muy evidente para quien se comience a preocupar por el bienestar colectivo de ella. Se trata simplemente de lograr que el dinero, la sangre que la mantiene viva, tenga más motivos para quedarse aquí que para irse hacia otros lugares. Se trata de crear o de no impedir las condiciones para que emprendimientos productivos sigan generando empleo y riquezas y restablecer las condiciones necesarias para que una masa más importante de esos recursos se gaste en la ciudad. El sector comercial y de servicios, probablemente el más decaído de todos, pero el que tiene la mayor capacidad de hacer circular la riqueza, tiene aquí una función fundamental y el Estado municipal una responsabilidad que no puede seguir soslayando. El futuro de nuestra ciudad depende de ello. |
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