Otra vez las clases
Como es rutina año tras año, a pocos días de iniciarse un nuevo ciclo lectivo, los responsables de la educación empiezan a preocuparse, cada uno con su particular enfoque del asunto, cuando ya es tarde para hacer nada y la única opción que queda es la del conflicto, en la que una vez más los únicos perdedores son los chicos que sufren la pérdida de clases y de calidad en las pocas que tienen.
El gobierno provincial, ya no hace falta insistir en ello, mantiene su total despreocupación por el sistema educativo, reafirmando su falta total de política para un tema clave como éste, contentándose apenas con lograr que de cualquier manera y en cualquier condición, los maestros no hagan huelgas. Una vez más se desligó de su responsabilidad de mantener los edificios escolares en condiciones mínimas, por hablar sólo de uno de los problemas más evidentes que se agrava año a año debido al deterioro ocasionado por las malas construcciones y sin el adecuado mantenimiento.
Esta vez la Justicia también es responsable de lo que suceda. El año pasado un grupo de padres presentó un mandamus para obligar al ejecutivo a cumplir con sus obligaciones respecto al estado de los edificios escolares. En aquel momento, el STJ fijó un plazo, diciembre del año pasado, para que el Poder Ejecutivo provincial realizara los arreglos correspondientes. Esta decisión judicial implicaba que el STJ hubiera debido asegurarse de su cumplimiento, cosa que evidentemente no hizo, demostrando así que lejos de actuar como un auténtico poder judicial que impone el cumplimiento de sus sentencias, actúo con la lógica del político que se desentiende de los problemas con declaraciones retóricas.
El Ejecutivo y el Concejo municipal, por su parte, escudándose en que no tiene responsabilidad directa, aunque la Carta Orgánica le atribuye al municipio la corresponsabilidad por el servicio educativo, miran para otro lado y no hacen la menor gestión ni muestran el menor interés en defender la educación de los vecinos a quienes dicen representar. Se sabe: están interesados solamente en su futuro político.
El gremio, por su parte, no manifiesta ninguna señal de abandonar la unilateralidad de su punto de vista, y, si bien no fijó posición alguna, vuelve a plantear los problemas cuando ya no hay tiempo de que puedan ser solucionados, de modo que inevitablemente quedará prisionero de la doble opción perdedora de dar clases en las actuales condiciones, desmoralizados y resentidos, o paralizar el servicio educativo con un nuevo perjuicio para los alumnos.
Y falta, otro año más, la posición de los vecinos y padres, los auténticos beneficiarios e interesados en el buen servicio de educación, aquellos cuyo único interés es el de que exista una buena educación para sus hijos. Al carecer de corporaciones propias que los representen, y ante la traición de los partidos políticos quienes deberían ser los portavoces de ese interés, su voz no tiene valor y su deseo no cuenta a la hora de decidir qué pasa con la educación.
No estamos carentes de culpa. Las malas decisiones de voto han puesto en el poder a quienes largamente nos han demostrado que carecen de todo interés sincero por la educación y futuro de las generaciones que se están malformando en medio del desinterés de los adultos. Pero es hora de que ese sector mayoritario aunque sin representación genuina comience a imponer su voluntad, si es sincera, de asegurar una buena educación para todos. Tenemos el compromiso moral de sentarnos a debatir como lograrlo.